Hasta siempre señor Galin

Me acuerdo como si fuera ayer del día que llegaste. David te trajo en coche desde Madrid, venías también acompañado por Rayo y por Cleo. Te estábamos esperando en la calle y tras las presentaciones subimos a casa. Estabas asustado, no te atrevías a moverte por tu nuevo hogar de acogida. Te sentaste en el suelo de la cocina y te dimos una salchicha. El pienso no sabía igual de bien. Llegó la hora de dormir y nos fuimos todos a la habitación. Maya se echó un rato contigo en su cama porque le caíste bien. Nos caíste bien a todos Galin, tenías algo especial, desde el primer momento lo supimos.
La calle te daba miedo. A mediodía íbamos hasta el prao coincidiendo por el camino con la marea de gente que venía del tren. Terapia de choque pequeño! Cada día tenías un poquito menos de miedo a toda esa gente, a los ruidos, a los señores que se te quedaban mirando. Y ayudaste a Maya, porque tú eras el que más atención requería en la calle, al que había que controlar más durante el paseo por si se asustaba. Gracias a ti ella ganó seguridad porque dejé de protegerla tanto.
Eras el ojito derecho de David. Cada vez que llegaba de Madrid te volvías loco de contento, era una fiesta. Te fuimos queriendo un poquito más cada día, te hacías querer y te ibas abriendo pasito a pasito, confiando en nosotros y desvelándonos que eras un perro maravilloso. A mediodía íbamos al prao a tomar el sol si se podía y por las tardes a pasear por el río, pegándonos bien a la gente para que vieras que no hacían nada. Otra vez la maldita terapia de choque pequeño!
No queríamos pensar en el momento que nos tuviéramos que separar de ti para dejarte ir con la familia que te iba a encontrar. Tuvimos que mentalizarnos con el consuelo de siempre, con eso de que uno tiene que salir para que otro pueda entrar porque no hay sitio para todos. A veces nos planteábamos que no entrase ninguno más.
Un día por la tarde estaba trabajando en casa y sonó el teléfono. Susana me dijo que había unos chicos que querían adoptarte. Mientras me daba la noticia se hacía un nudo en mi garganta. No queríamos que nadie te adoptase. No queríamos que nadie se fijara en ti. Queríamos que te quedaras en casa para siempre pero teníamos que dejarte ir porque te lo merecías. En Madrid, de donde habías venido, te estaban esperando. Habían pasado sólo 5 semanas desde que llegaste y era Semana Santa. Nos fuimos para Madrid a llevarte de la mano, queríamos acompañarte en tu nueva vida.
Me obligué a mí misma a ser fuerte y a mantener la compostura. Había que ser fuertes y dejarte ir con la mejor de nuestras sonrisas. Nunca había llorado por un perro y ese día no pude contenerme. Como siempre digo, lo peor de todo es que no nos podemos comunicar con palabras para facilitar estas situaciones. No te podíamos explicar que todo iría bien, pero ese día, cuando te llevamos a tu nuevo hogar lo supimos. Y lo mejor de todo fue que no hizo falta explicártelo, tú también lo supiste, supiste que Luna, Sandra y Juan eran tu nueva familia y te iban a cuidar como te merecías.
De aquello ha pasado poco más de un año y el otro día he vuelto a llorar por ti, pero esta vez ha sido porque la despedida era para siempre. La noticia nos pilló en el coche el día que nos íbamos de vacaciones, haciendo una parte del camino que hicimos contigo el día que volviste a Madrid a empezar tu nueva vida. No podíamos recibir una noticia peor, la injusticia se cebó contigo y te fuiste para siempre. El único consuelo que tenemos es que sabemos que te has ido rodeado de cariño. Has sido inmensamente querido desde el primer hasta el último día. Has tenido la suerte de tener una familia maravillosa y nosotros hemos tenido la suerte de haberte conocido, de haberte tenido en casa y de que encontraras a esa familia que tanto te merecías.
Sigue siendo feliz allá donde estés, señor Galin. Siempre te recordaremos con mucho cariño porque has sido muy especial para nosotros y te has llevado un trocito de nuestros corazones. Espero que algún día nos volvamos a encontrar en el camino.

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Pienso, luego existo…

… y mi existencia es aún más feliz cuando el bidón de bolitas se queda mal cerrado y la casa vacía de humanos que vigilen nuestros movimientos. Es entonces cuando Abby, el señor Suli y una servidora entramos en acción.
Hoy los astros se alinearon de tal forma que la operación tuvo éxito total, el bidón se abrió como el cofre de los tesoros y aquello se convirtió en el despiporre. Los capullos de nuestros papis sólo nos dan 2 tomas de comida al día y en cada una menos de medio vaso, pesado y medido a conciencia. Nos tomamos la revancha y comimos bolitas como si fuera la última cena, como Paquirrín el día de su comunión, como un pobre niño somalí encerrado en un buffet libre. Comimos hasta que no pudimos más, hasta la saciedad. Luego nos aliviamos por las alfombras, que para eso están en estos casos de urgencia.
Cuando llegaron los humanos pusieron una cara muy rara. No nos pudimos levantar a recibirles, nuestras barrigas pesaban demasiado. No nos dijeron nada, ni siquiera nos saludaron. Qué desagradables, menudo par de maleducados!
El último paseo del día fue un suplicio, no teníamos ganas de movernos. A veces parecen tontos… ¿No se dan cuenta de que ya lo hicimos todo en las alfombras?
Ahora toca hacer la digestión, como cuando la boa del Principito se comió a la fiera. El arrepentimiento no existe, que nos quiten lo bailao, que en esta vida lo que se hace no es para luego echarse atrás. Como que me llamo Amaya María, que volveré a comer pienso hasta reventar como tenga la más mínima oportunidad.

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Lo más difícil de ser casa de acogida


Lo más difícil de ser casa de acogida es cuando se van. Es el no poder explicarle a ese perro que empieza una nueva vida que todo va a ir bien, que no va a pasar nada malo, que le van a seguir dando tanto o más cariño del que ahora recibe, que va a ser muy feliz. Es el no poder explicarle que tiene que irse para que otros vengan, que tiene que ser así porque no hay hueco para todos.
El lugar de cada uno de los que se va pasa a ocuparlo otro, pero cada perro es un ser diferente y hay algunos que son muy especiales. Todos dejan algo en tu recuerdo, porque para nosotros no son sólo perros, y todos dejan un agujerito en tu corazón. Algunas veces ese agujerito es más grande, porque hay seres que son muy especiales, y entonces hay que hacer el esfuerzo de explicarnos a nosotros mismos que no puede ser, que se merecen esa nueva vida que les espera, que todo va a ir bien, que le van a seguir dando tanto o más cariño del que le estamos dando, que va a ser muy feliz. Tienen que irse para que otros vengan porque no hay sitio para todos.
Agujerito a agujerito el corazón te va quedando como un colador, pero eso es muy reconfortante porque uno más ha conseguido la vida que siempre se mereció. Y lo que no te mata te hace más fuerte, así que hay que seguir siendo fuertes porque ellos nos necesitan.

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Papi, ¿quién es esa señora que entra por la puerta?

Resulta que el lunes pasó algo que nunca había pasado. Estamos acostumbradas a que los lunes por la mañana papi sale por la puerta y no vuelve en unos días, vamos, que nos abandona. Mami se queda con nosotras ejerciendo de amantísima mami y ejemplar teletrabajadora con dos becarios a su cargo, Josito y Rosita (algún día le haremos la presentación oficial, pero para quien no lo sepa, es una felina maligna que nos encontramos por la calle un mal día e hizo pronunciar la famosa frase “Tú eres mi bebé, yo soy tu mamá” que a alguien le da por decir a veces y no tiene marcha atrás). Bueno, pues el lunes por la mañana nuestros progenitores salieron por la puerta y ohhhh… papi volvió solo… “¿Dónde está mami? ¿Volverá pronto? … Seguro que fue a comprar algo rico para el desayuno… ¿Por qué los becarios no están trabajando frente al ordenador a estas horas? … Seguro que la tienda de las cosas ricas estaba cerrada y mami está esperando a que abran… ¿Por qué papi está tan contento y no se va a trabajar? … Seguro que cuando abrieron la tienda de las cosas ricas mami se dio cuenta de que no tenía dinero y tuvo que ir a la máquina que lo fabrica para poder pagar…” Las horas pasaban y no volvía… Nuestros pensamientos cambiaron: “Seguro que mami fue a comprar tabaco pero como no fuma no sabe donde lo venden y está buscando la tienda del tabaco”. Pero el reloj seguía contando las horas y ella no aparecía… “Seguro que mami fue a comprar tabaco y ya no va a volver nunca más, como en las películas…”
Como yo soy la líder de la manada, tras esperar un tiempo más que prudencial, tuve que tomar la dura decisión de comunicarle al resto de la familia la terrible noticia: mami nos había abandonado. Como galgas sabias que somos, decidimos aplicar la solución más drástica, olvidarnos de ella para siempre. Tenemos a papi, no hay problema. Además los becarios estaban la mar de contentos porque ya no había que trabajar. Fiestaaaaaaaaaaa!!!!
Empezamos una nueva vida, pendientes todo el rato de nuestro querido papi, el único humano con el que siempre hemos compartido techo. Josito y Rosita haciendo el mal, nosotras durmiendo hasta no poder más, todo el día por ahí de paseo, visitando a los abuelitos a la hora de comer, que nos dieron muchas cosas ricas… Vamos, las cosas típicas de las galgas de familia monoparental de toda la vida. Hasta que de repente, hoy a última hora de la tarde, papi llegó a casa tras salir un rato y al abrir la puerta no venía solo. Le acompañaba una señorita (muy atractiva, por cierto) con una sonrisa de oreja a oreja y que nos hablaba como si nos conociera. Nosotras, ni fu ni fa, ¿quién será esta señora tan rara? Hasta que sacó del bolso un apetitoso bocadillo de jamón y queso y nos empezó a dar. Por mayoría absoluta, hemos decidido que ella será nuestra mami. Ahora toca esperar a ver cuáles son sus costumbres… mientras tanto… vivan los bocadillos de jamón y queso!!!!

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Tara, la perra 10

El jueves 8 de septiembre nos subimos al coche para embarcarnos en una excursión muy emocionante. Tras 4 horas de coche llegamos a Logroño. Allí nos esperaban Marta, Jay, Ronnie, Tango, Lionel y la dulce Zuri, que ejercieron de perfectos anfitriones y nos recibieron con mucho cariño. Tras unos minutos en su casa, yo, por supuesto, me subí al sofá y eché una cabezadita, que estaba cansada de tanto viaje. Abby conoció a su primo de Zumosol, Ronnie.

Después de comer y un paseito para airearnos un rato, volvimos a subir al coche. Llegamos a un lugar apartado y que no transmitía buenas vibraciones, empezamos a notar algo raro en el ambiente. Pero nuestros papis y Marta y Jay estaban felices y expectantes dentro de lo que se puede estar en un lugar así, se traían algo entre manos.

No nos dejaron bajarnos del coche, pero desde dentro podíamos escuchar muchos ladridos y algunos quejidos. Estábamos en la perrera, un lugar que no debería de existir. Allí, en uno de esos cheniles llenos de perros tristes y angustiados que no saben lo que les espera, a muchos la muerte en un corto plazo, alguien nos estaba esperando sin saberlo. Allí estaba Tara, sin saber que esa calurosa tarde su destino cambiaría. Sólo se alegraba porque unos humanos se acercaban a ella a través de las rejas y la acariciaban mientras le decían palabras suaves y cariñosas. Aquella galguita esquelética, sucia y con heridas de tener que dormir en el suelo se alegraba porque por fin dejaba de ser invisible.

Después de un buen rato por fin apareció ante nosotras y fuimos a saludarla. Estaba un poco nerviosa y quería volver al único sitio que allí le resultaba conocido, el chenil donde estaba confinada.
Durante el viaje, Tara fue en el asiento de atrás y nosotras en nuestro compartimento para galguitas viajeras. No hizo ni un solo ruido y se portó muy bien. Unas horas más tarde llegamos por fin a nuestro hogar dulce hogar. Abby y yo devoramos la cena mientras nuestra invitada comía tímidamente unas pocas bolitas. Luego se tumbó en una de nuestras camas y descansó toda la noche sin moverse. Debió ser la primera vez en su vida que dormía sobre algo blando.
Tara lleva 15 días durmiendo sobre blando. Es nuestra invitada número 10 y estamos muy contentas de ejercer de anfitrionas, al igual que un día otros lo hicieron con nosotras.
En estos días ha ido mejorando notablemente. Cada día está más contenta y su pelo empieza a recuperarse. Ya ha engordado 800 gramos y empieza a recuperar su masa muscular. La herida que tenía de estar sobre el suelo ya no es lo que era y su piel cada vez tiene mejor aspecto. Ahora sólo le queda ganarle la batalla a la filaria que padece y le hace estar débil. El lunes comenzará el tratamiento y mis hermanitos y yo estaremos a su lado para cuidarla, mimarla y animarla para que se ponga bien lo antes posible. Porque Tara se lo merece. Porque Tara es la invitada número 10 y nos está demostrando ser una perra 10.

Esta entrada va dedicada a todos aquellos perros que no han elegido venir a este mundo y han tenido que sufrir la inhumanidad del ser humano. A las compañeras de chenil de Tara, que no han tenido la misma suerte que ella. A todas esas personas que luchan cada día contra la injusticia e intentan ayudar a todos los animales que están en situaciones indeseables. Dedicada en especial a Marta Santos y a todo el equipo de Galgos 112, por su trabajo y dedicación altruista y desinteresada.
Dedicada también a Bimba, la perra que nos hizo iniciarnos sin darnos cuenta en esto de las acogidas, a Lalo, Inka, Sate, Cloe, Abril, Fiby, Leo, Olivia y por supuesto, Tara. Y también a todos los que han estado de paso, por unos días, por unas horas, como Íbero, Óscar, Sombra, Saranda, Nube y Marlango. Porque todos ellos se merecían una oportunidad y la han conseguido gracias a sus familias adoptivas.

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Una de lácteos

Por mi casa ya han pasado unos cuantos visitantes: Bimba, Lalo, Inka, el señor Galin, Cloe, Abril y Fiby. Creo que no se me olvida ninguno, y si es así que me disculpe, no ha hecho mella en mi impasibilidad de galga fatal.
Cuando llegan hay diversidad de sentimientos. Mis papis se ponen contentos por tener el gran honor de alojar a un nuevo invitado, Josito se pone super contento por tener el gran honor de putear a un nuevo invitado, Abby y yo no nos ponemos contentas que se diga y empezamos a darle vueltas a cómo sería tener el gran honor de invitar al invitado a irse. Son cosas de galgas, nunca las entenderíais.
Uno de los motivos de nuestra incomodidad viene de la Vía Láctea y se llama yogur. Sí, un simple yogur puede llegar a cambiarte la vida. Resulta que el momento del yogur mañanero es uno de los instantes de felicidad más apreciados por mi querida compañera y una servidora. El ser humano no sabe aprovechar todo lo que tiene a su alcance y no ha nacido con la capacidad de estirar la lengua hasta el fondo del envase yogurero y rebañar todo ápice comestible que pueda quedar. Abby y yo sabemos hacerlo muy bien y disfrutar de ese momento como el primer día. ¿El problema? Que no es que sea precisamente abundante, y como aquí somos muy hospitalarios, si hay invitados hay que compartirlo también con ellos.
Esta mañana me he dado cuenta de eso mientras rechupeteaba el yogur. Qué fastidio tener que compartirlo!

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¿Animales o anormales?

En el mundo humano, cuando se quiere decir que alguien es un inadaptado en ciertos aspectos, que no tiene la capacidad suficiente para controlar sus impulsos y actuar de manera racional, se dice que es un animal.
Para muchos de nosotros esta comparación es ofensiva, porque muchos animales tenemos más capacidades que ciertos humanos. Estamos civilizados y sabemos comportarnos con educación y sosiego.
En el mundo animal sólo se pelea cuando no queda otra escapatoria, cuando la propia vida está en riesgo. En el mundo anormal se pelea por cualquier cosa. Aunque dos no se pelean si uno no quiere, así que mejor decir que se ataca. Se ataca de manera violenta e irracional, para demostrar fuerza y valentía, porque para los anormales esa es la única manera de hacerse respetar, la violencia.
En algunas casas se pueden ver en la puerta carteles que ponen “Cuidado, perros sueltos”, pero por la calle eso no se advierte, hay que llevarlo en mente para poder estar prevenido. Pero lo más importante no es tener en cuenta a los perros sueltos, lo más importante es tener en cuenta que los anormales también andan sueltos, y encima de no llevar correa, tampoco llevan bozal ni están vacunados contra la rabia.

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