Archive for noviembre, 2010

La venganza se sirve fría

Señores cazadores carentes de escrúpulos, vergüenza y educación:

Tengan cuidado de donde estacionan sus vehículos con remolques llenos de perros maltratados mientras ustedes se cuentan las batallitas de la jornada en el bar. Puede que sean los amos de sus perros y que la falta de leyes y de control les permita hacer con ellos lo que les venga en gana, pero no son los amos de la calle y no todo vale. El resto de ciudadanos tenemos derechos, no como sus víctimas, y la venganza se sirve en plato frío.
Seguro que la próxima vez que se vayan a relajar tras la jornada de caza mirarán un poco más dónde y cómo dejan sus pertenencias. Aunque no haya leyes ni normas para defender a los animales que ustedes maltratan, hay leyes y normas para que les echen una buena multa por creerse los amos de la calle.

Atentamente,

El dedo del medio de mi mano derecha.

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Bimba

El miércoles por la noche recibimos en casa a una invitada. Nos contaron que teníamos que ser buenas y compartir nuestras cosas con ella, algo que no nos hizo mucha gracia.
Opté por mi protocolo de bienvenida, el mismo que apliqué cuando mi querida Abby llegó a invadir mis dominios: ignorarla y enseñarle un poco los dientes con disimulo, sin que mis papis se enteren. Mi hermanita la andaluza es más hospitalaria y no le va mucho mi método, sólo le gruñó cuando estaba tumbada para que no la molestase, pero eso también me lo hace a mí y ya nos conocemos bien. De vez en cuando jugamos con ella y lo pasamos bien, pero ya le he advertido a Abby que como juegue demasiado y se hagan colegas corto con ella.
El único que la ha recibido con los brazos abiertos y vive una auténtica fiesta desde que llegó es Josito. Ha conocido a su alma gemela, son tal para cual, sólo que Bimba pesa unos cuantos kilos más y es 20 veces más grande que él. Les encanta jugar juntos y él no para de provocarla para que le persiga. Son unos pesados.
Con el paso de las horas y los días la hemos ido tolerando y ahora es casi una más de nuestro club de damiselas. No hay confianza suficiente como para compartir confidencias con ella a la hora del té, pero ya la dejamos subirse al sofá con nostras e incluso la dejo echar la siesta a mi lado.
Mañana se va de nuestras vidas, alguien la está esperando con toda la ilusión del mundo y deseando darle la mejor vida que pueda tener. Nosotras la echaremos de menos. Josito la echará de menos. Nuestros papis la echarán de menos. Esta peque se hace querer, es un revoltijo que no para, pero es pura inocencia y dulzura. Nos lo hubiésemos pasado genial echando carreras con ella por la playa o por la escombrera, pero no ha dado tiempo para tanto. Quién sabe, igual un día nos volvemos a encontrar y lo podemos hacer.





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Los señores de la caza

Sábado, 4 de la tarde, nos dirigimos a casa a echar la siesta después de comer de papo. En el parking por donde pasamos están llegando unos cazadores con sus remolques llenos de perros. Van al bar de enfrente, donde paran todos y se pasan horas y horas mientras los perros están fuera encerrados después de la cacería. Se bajan del coche. Se quedan mirándonos. Están a unos 30 metros. Y de repente, en voz muy alta, para que les oiga bien:
– “Anda mira, mira qué dos, esos nos valdrán a nosotros para cazar?”

¿De qué van estos? ¿Quiénes se creen que son? No puedo evitar cabrearme… me paro frente a ellos, levanto mi brazo derecho y me guardo todos los dedos de la mano menos el del medio. Bien alto, para que lo vean bien. El gesto me desahoga. Se quedan mirándome de manera desafiante. Que les jodan. Nadie habla así de mis perras, nadie tiene derecho a hacer esos comentarios. Ya estoy harta de tanto hijo de puta que se cree el rey del mambo. Qué mierda de gente. Qué mierda de sociedad. Qué mierda de país. Y eso que aquí no vemos ni la décima parte de lo que en realidad pasa…

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El pijama-mandilón

Resulta que Blanquita es una friolera y ahora con la llegada del frío empieza a refugiarse debajo de toda manta que encuentra. Yo tengo mucho más aguante, pero hay que reconocer que se está mejor tapadita.
Pero parece que eso no es suficiente y este año nos han confeccionado unos pijamas-mandilones para poner en casa cuando haga mucho frío. Menos mal que sólo son para poner en casa, porque la idea de tener que salir con semejante trapo encima a la calle me horroriza. No quiero que mis churris me vean por ahí con esas pintas… aunque para estar durmiendo en casita son la mar de cómodos, jejeje


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Faltosadas – versión enésima

Hoy a mediodía cuando volvíamos para casa después de hacer pis, caca y un poco el loco, mami tuvo una conversación con un señor al que vamos a denominar “Puto Viejo”, PV para abreviar:

PV.: Nena, ¿estos galgos que son de competición?
M.: No.
PV.: ¿Que son de carreras?
M.: No, que va.
PV.: Pues entonces no sé para qué coño los quieres!! (y hace aspavientos de viejo senil listo que todo lo sabe)
M.: Son seres vivos, no tienen utilidad, tienen sentimientos.
PV.: Sólo valen para correr, no valen para otra cosa, no sé que haces con ellos entonces. A los galgos hay que darles fuerte.
M.: (llena de ira y a punto de explotar) Son miembros de mi familia y ya les han dado bastante caña gente que piensa como usted, por desgracia.
PV.: Ah, entonces si ya hicieron lo suyo vale…

En la mente de mi mami: “Tú eres un puto viejo que sólo sirve para decir tonterías, y según tu filosofía sólo vales para estar encerrado en un asilo, a poder ser bajo llave y con ésta en el fondo del mar”
1, 2 y 3, yo me calmaré…
Ponemos una sonrisa, mami nos da una galleta a la salud del señor P.V. y nos vamos para casa tan pichis.

¿Por qué hay que tragarse la mala leche cuando alguien te falta al respeto? Cada vez encontramos menos motivos para ello…

Con cariño, para el señor P.V., un buen corte de mangas, para que vea que sabemos hacer más cosas a parte de correr:

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Las castañas, asadas

Por lo general ni Abby ni yo le hacemos ascos a nada que se pueda comer, ya sean alimentos para humanos, para gatos o cualquier delicia que nos encontremos en nuestros paseos. Pero hay algunas cosas que no nos gustan, por ejemplo la zanahoria o el pimiento. Si nos dan un trocito crudo lo escupimos rápidamente con cara de “Cómelo tú, qué asco!“. Ahora bien, si la zanahoria o el pimiento proceden de un caldo, un pisto, una pizza o cualquier cosa que se cocine, si nos dan un trocito lo comemos gustosamente y ponemos cara de “Dame más, no seas tan tacaño“.
El otro día descubrimos un nuevo sabor, el de las castañas asadas. Están deliciosas y comimos un montón. Pero unos días después fuimos de paseo y por el suelo había un montón de castañas tiradas. No tenían un olor apetecible, así que pasamos de ellas. Nos pelaron una y nos dieron un trocito y lo escupimos, jajaja. Las queremos asadas, no crudas!!
Es una pena que no caigan del árbol ya asadas, menudo desperdicio…

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¿Yes de Mieres? ¿Tienes perru?

La famosa frase “¿Yes de Mieres, tienes perru?”, contestada afirmativamente en un alto porcentaje de casos, no hace honor a la situación actual. Y no es porque donde vivimos no haya perros, los hay, muchos, sobre todo bull dog francés, que ahora están muy de moda, si no porque no hay a donde ir con ellos. En el único parque con “zonas verdes” de Mieres está prohibido entrar con perros, jugar a la pelota, andar en bici, etc, etc…
Hasta hace un par de meses podíamos disfrutar de un amplio solar verde en el que los perros jugaban y tenían espacio suficiente para correr. Estaba al lado de una carretera por donde hay bastante tráfico, pero era lo único que había. También estábamos expuestos a los insultos de algunos vecinos de la zona y los intentos de envenenamiento que afortunadamente sólo fueron eso, intentos. Pero aquel era el prao por excelencia, el prao de los perros, donde David soltó a Maya por primera vez y donde fue conociendo a todos sus amigos. El prao donde Abby empezó a jugar con Maya y su pandilla. Ahora se convertirá en un fantástico supermercado y se nos han acabado las opciones. El ladrillo impera y en Mieres sólo puedes tener al perru para pasearlo con la correa por las aceras, entre la gente y el tráfico.
La necesidad nos ha hecho explorar nuevos horizontes, y como por el momento no nos podemos permitir la casa con terreno que siempre deseamos, ahora vamos a la escombrera. Sí, una antigua escombrera que está a unos 5 kilómetros de Mieres y a la que antes del maldito cambio horario íbamos paseando o corriendo, pero ahora vamos en coche. El sitio les encanta y mucho más cuando nos acompañan Pluto y Darko, que es una fiesta. Allí corren a sus anchas, juegan, escarban y se lo pasan pipa, eso sí, mientras dura la luz, porque ahora pronto llega la oscuridad para jodernos la diversión.
¿Yes de Mieres, tienes perru?


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