Archive for marzo, 2010

Un poquito de queso de untar, por favor


Desde que el otro día descubrí que tumbada se come más cómodamente no he dejado de hacerlo. Abby me ha traspasado toda la parsimonia que tenía a la hora de tragar bolitas y ahora soy yo la que empieza con su banquete cuando la otra ya casi ha terminado. Se pone a engullir como una fiera, y si alguien le acerca la mano a su plato intenta tragar todavía más rápido e incluso a veces gruñe. A nuestros papis no les gusta nada eso, así que ahora se dedican a tocarla y a meterle la mano en su plato mientras come para que se le bajen los humos. Yo mientras tanto observo tumbada y empiezo a degustar mis bolitas. Me hace mucha gracia porque luego la pobre anda desesperada a ver si me puede robar algo de comida que se me caiga por ahí. Y para fastidiarla suelo tirar unas cuantas bolitas al suelo de cada vez y luego me las voy comiendo poco a poco, masticando cada una varias veces y sin prisa.
Mis papis están algo preocupados por este cambio de actitud mío ante la comida y me han mirado los dientes a ver si se me había caído alguno o tenía algo que me estuviese molestando a la hora de comer. No me pasa nada, sólo que ahora disfruto viendo cómo pisha pierde los papeles cuando ha terminado lo suyo y yo todavía estoy empezando. Esta mañana he estado 15 minutos para terminarme la comida. Le estoy dando de su propia medicina, jejeje. Pero sólo con las bolitas. Si me dan jamón, salchichas, pan u otra delicatessen entonces me lo como rápidamente. El otro día probé un trocito de una cosa que se llama percebe y me gustó mucho. Y también descubrí el sabor del pulpo, rico rico. Hay que comerlo muy rápido porque si no se echa a perder, jejeje. Ayer nos dejaron solas en casa y se olvidaron una barra de pan en la encimera. Voló. Son unos despistados. Estaban mejor las galletas del otro día, pero bueno, no hay que ser tan ambiciosas…
El verano pasado, cuando la perra asesina me mordió estaba débil y tenía pocas ganas de comer. Me untaban queso en las bolitas para que comiera, y estaba delicioso. Tengo la esperanza de que ahora me vuelvan a untar queso para que coma más rápido. Igual me tiro el rollo con lo de mi almohadilla para que caigan en la trampa. Les pondré ojillos y esperaré delante del plato a que fluya el queso de untar. La esperanza es lo último que se pierde!!

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Darko vuelve a visitarnos

Hoy en nuestra segunda salida del día fuimos al prao y había un montón de perros con los que jugar, entre ellos Darko. No pude jugar con él porque mami no me deja correr todavía, y Abby prefirió pasar de él e intentar atemorizar a un pobre boxer que andaba por allí… es peor que una latin queen!!! Luego nos fuimos para casa, pero no nos fuimos solas, Darko y Lucía nos acompañaron. Nos pusimos muy contentas al ver que entraban con nosotras en casa y subían las escaleras hasta arriba. Abby intentó por el camino darle unos mordisquitos a Darko, mientras yo subía muy muy rápido para esperar arriba del todo y ejercer de perfecta anfitriona. Entramos en casa y le dimos unos minutos a Darko para reconocer nuestro territorio minuciosamente, y tras esos momentos de calma… palizaaaaaaaaaaaaaaa




Si es que…

somos unos angelitos!!!

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Pereza

Esta mañana me he levantado perezosa. Estaba muy a gusto durmiendo en la cama y no me apetecía salir a la calle, pero hay que salir. Me estoy volviendo vaga porque llevo 3 días sin poder correr.
El domingo por la tarde me rajé la almohadilla de la pata delantera izquierda mientras escarbaba en la tierra como una loca. Me hice un corte bastante profundo y me dolía al caminar. El lunes me llevaron al veterinario y me pegaron la herida con pegamento. Ahora estoy de baja y mami no me suelta la correa porque si no sabe que me voy a poner a correr como una loca y será peor. Me hace salir a la calle con un calcetín en la pata que debilita mi sex appeal.
Hoy ha sido mejor que otros días, porque no hacía frío y no nos hemos tenido que poner los abrigos. Yo sólo el calcetín. A las 8:20 me he puesto a hacer pucheros para que mami nos pusiera la comida ya, porque tenía hambre. Nos la puso y fuimos corriendo como dos locas a tragar bolitas, pero cuando ya estaba justo encima de mi plato escuché una voz que me decía: “Vete a revolcarte al sofá, haz la cabra locaaaa”, y claro, no me pude resistir… Luego volví a la zona de comer y Abby ya casi había terminado lo suyo. Es increíble la velocidad que tiene al comer, antes siempre le ganaba y esperaba rondándola a ver si se dejaba alguna miguita en el plato, pero ahora han cambiado las tornas y mi hermanita pequeña hace honor al más rápido de los Tragabolas. Me tumbé al lado del plato porque estaba cansada de mi “momento cabra loca”, y como tenía hambre también, descubrí una nueva modalidad para comer: tumbada. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Esto es la leche!! Puedo hacer lo que más me gusta a la vez: comer y descansar. Ante el desconcierto de mi actitud, Abby se ha ido y no me ha rondado como un buitre carroñero. Ahora puedo decir que soy una auténtica galga multitarea: puedo comer, descansar y ahuyentar a Abby a la vez!!! Es genial!!!


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La primavera la sangre altera

Ya queda menos para que entre la primavera y se empieza a notar en el ambiente. Los pájaros cantan y las nubes se levantan. Quién sabe, ahora que me he olvidado de mi amor platónico quizás me vuelva a enamorar: “Se busca perro grande, alto y estiloso. Cariñoso y comprensivo. A poder ser de buena familia. A cambio le ofrezco mi corazón y prometo sollozar por él cuando lo vea.”
No sé si las flechas de Cupido volverán a acertar en mi corazoncito de galga, porque olvidarme de mi amor ha sido duro. Todavía me cuesta ser fuerte cada vez que lo veo a lo lejos por la calle e intento reprimir mis emociones. Mis papis me dicen: “Maya, sé fuerte, hazte la dura, no te merece”. Pero seguro que todos a los que les han roto el corazón alguna vez entienden el trago que supone. Ha sido un amor frustrado. Si su dueño le dejara relacionarse con otros perros nuestra historia hubiese podido ser. Le hubiese enseñado mis lugares favoritos, las hierbas que más me gusta comer, los pocitos que me gusta escarbar, hubiésemos corrido juntos como Romeo y Julieta… en fin… a veces la vida es ingrata…
Abby me comprende y me apoya en estos momentos, porque ella también piensa que es muy muy guapo y es difícil resistirse a sus encantos, pero pisha todavía no ha caído en las redes del amor. No tiene muy claro todavía si se quiere enamorar, prefiere jugar y corretear y no se preocupa por el mundo de los sentimientos. Además todavía no sabe nada sobre el coqueteo y los pestañeos de damisela. Lo de ella es jugar a lo burro, quién lo iba a decir hace 3 meses cuando lloriqueaba porque Darko y yo jugamos en modo “asilvestrado” y se asustaba. El otro día fue ella la que asustó, a un pitbull… es una temeraria… pone carita de buena pero es un ángel del infierno.
Bueno, lo dicho, a ver qué pasa con la primavera y los corazones rotos. Ya os contaré…

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Maya, Abby y las galletas de manzana

La semana pasada mi papis llegaron de la compra con una caja metálica muy inquietante de la que sacaban unas deliciosas galletas de manzana. A mí no me gusta la fruta, pero sí todo lo que la lleve envuelta en otras cosas apetecibles. Nunca me comería una naranja, pero un bocadillo de naranjas…
Tracé mi plan ofensivo: esas galletas tenían que ser mías, la caja olía irresistiblemente bien y estaba en un lugar accesible. Sólo tenía que tirar la caja al suelo y ésta se abriría. Luego con el desconcierto me daría tiempo a robar al menos uno de los paquetitos de galletas que tenía dentro antes de que nadie se diera cuenta. Si no, Abby se pondría a fingir un ataque epiléptico para ganar tiempo y luego compartiríamos el botín. Lo intenté un par de veces, pero siempre me pillaban chupando la caja. No podía resistirme a pegarle unos lametones antes de tirarla al suelo… soy una golosa…
El caso es que el viernes por la tarde nos dejaron solas en casa. Llevaba esperando ese momento tanto como una lluvia de salchichas. Le pegué una buena leche a la caja y se cayó al suelo. Salieron tres paquetitos de galletas y nos dimos un buen festín sobre la alfombra para luego dejar las miguitas y que se chincharan por no haber compartido sus galletas con nosotras.
El que ríe el último ríe mejor.


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A los abanderados de la sabiduría

Hoy vamos a dedicarle el día a todos esos señores tan sabios que saben perfectamente para qué servimos. A todos esos señores tan generosos que reparten consejos sobre nuestro cuidado y mantenimiento sin falta de pedirlos. A todos esos señores tan listos que saben que lo mejor es que estemos por ahí corriendo y cazando. A todos ellos, les dedicamos nuestra mejor siesta, nuestro mejor momento de relax, nuestra bolita más rica de pienso, nuestra última galleta del día. Va por ustedes señores.


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Cada una a su manera

Lo que más le gusta a Abby, a parte de la comida y los mimos, que le hacen perder los papeles, es estar camuflada bajo una manta. Es la señorita cuevitas, le encanta meterse debajo de cualquier cosa que la tape a modo de cueva, y si percibe cualquier atisbo de comida cercana o tiene necesidad de un mimo, entonces se traslada con la casa a cuestas como un caracol.

Yo prefiero descansar con mis patitas plegadas como una silla, que es muy bueno para mantenerse en forma.

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