Por mi casa ya han pasado unos cuantos visitantes: Bimba, Lalo, Inka, el señor Galin, Cloe, Abril y Fiby. Creo que no se me olvida ninguno, y si es así que me disculpe, no ha hecho mella en mi impasibilidad de galga fatal.
Cuando llegan hay diversidad de sentimientos. Mis papis se ponen contentos por tener el gran honor de alojar a un nuevo invitado, Josito se pone super contento por tener el gran honor de putear a un nuevo invitado, Abby y yo no nos ponemos contentas que se diga y empezamos a darle vueltas a cómo sería tener el gran honor de invitar al invitado a irse. Son cosas de galgas, nunca las entenderíais.
Uno de los motivos de nuestra incomodidad viene de la Vía Láctea y se llama yogur. Sí, un simple yogur puede llegar a cambiarte la vida. Resulta que el momento del yogur mañanero es uno de los instantes de felicidad más apreciados por mi querida compañera y una servidora. El ser humano no sabe aprovechar todo lo que tiene a su alcance y no ha nacido con la capacidad de estirar la lengua hasta el fondo del envase yogurero y rebañar todo ápice comestible que pueda quedar. Abby y yo sabemos hacerlo muy bien y disfrutar de ese momento como el primer día. ¿El problema? Que no es que sea precisamente abundante, y como aquí somos muy hospitalarios, si hay invitados hay que compartirlo también con ellos.
Esta mañana me he dado cuenta de eso mientras rechupeteaba el yogur. Qué fastidio tener que compartirlo!

Una de lácteos
Advertisement
3 comentarios hasta ahora »
Comentario RSS · URI para TrackBack.
Susana Burdalo Martín escribió,
junio 30, 2011 @ 7:47 pm
Me encanta como escribes, por qué Dios no me dio esa habilidad, supongo que es más divertido leer que escribir, yo por lo menos me lo pasó bomba con los pensamientos de las niñas.
Besitos y sigue así guapa.
mayaporni escribió,
junio 30, 2011 @ 9:01 pm
Y eso que todavía no viste lo bien que afoto… xD
duke_zara escribió,
agosto 9, 2011 @ 11:48 pm
que ganas tengo de otra actualizacion me lo paso genal leyendo las entradas